lunes, 7 de noviembre de 2011

Carta al peor jefe del mundo

Carta al peor jefe del mundo
Señor jefe,

Esta carta no es lo que debería ser. Debería ser una carta de despido, y sin embargo es una simple carta de despedida. Debería ser la carta de su despido, y, sin embargo, es tan sólo la de mi despedida de la empresa. Usted, a pesar de ser el peor jefe del mundo, seguirá en la empresa, haciendo y deshaciendo a su antojo. Yo, en cambio, tendré que buscarme la vida. Pero en cualquier caso, mi decisión es irreversible y no le negaré que el haberla tomado y trasladársela a través de estos párrafos es para mí una gran alivio.
Me voy de la empresa, pero que tenga claro que, en realidad, me voy de usted. ¿Por qué? Porque es usted incapaz de dirigir personas. Me temo que está usted reñido con eso que llaman competencias directivas. Se lo he intentado decir –no sólo yo, varios de sus colaboradores-, con buenas palabras y con respeto, en multitud de ocasiones.
¿Cuáles son sus principales problemas? Se los resumo de una tacada (y asumo el riesgo de equivocarme en alguna cosa): nunca comunica con claridad los objetivos, no motiva, no comunica bien, no escucha, no lidera (sólo manda), no enseña ni forma, es prepotente, no delega, se contradice con frecuencia, no gestiona bien su tiempo ni el de sus colaboradores – entre los que, afortunadamente, a partir de hoy ya no me cuento - y se pasa el día trasladando sus agobios a todos los que le rodean.
Y, para colmo, no hace nunca, pero es que nunca, caso de las opiniones de la gente de su “equipo” (no creo que haga falta que aclare porque lo escribo entre comillas). En un estudio reciente (de Randstad), leí que el 71% de los directivos españoles no reconoce los méritos de sus subordinados. Lamentablemente, está usted incluido en ese 71%.
Claro, ser un mal jefe es mucho más sencillo que ser uno bueno. A mí me gustaría ser jefe, pero de los buenos. Y estoy convencido de que para ser un buen jefe debe uno esmerarse continuamente, esforzarse y aprender cada día.
En estos años, he pensado demasiado en usted, dentro y fuera del trabajo. He consumido demasiadas horas de mi vida pensando en usted. Y no precisamente por placer. A menudo, me he preguntado cómo ha llegado usted a ocupar su puesto. Imagino que en su día debió ir promocionando gracias a sus competencias técnicas, que las tiene.
¿Sabe cuál es la conclusión a la que he llegado para entender su comportamiento? Usted es un mal jefe debido a su inseguridad. Pretende redimir sus miedos a través de la sensación de poder, mandando de la peor manera. 
Tengo entendido que un buen jefe es aquel que logra tener un equipo motivado y cohesionado, que se esfuerza por conseguir los resultados y contribuir al negocio. No es precisamente su caso.
¿O cree que sí? (no hay peor ciego que el que no quiere ver). Hace meses falleció el gran director francés, Claude Chabrol. Poco antes, había leído una frase suya: “La estupidez es mil veces más fascinante que la inteligencia; la inteligencia tiene límites, la imbecilidad puede ser infinita”. Y no le voy a negar, “querido” exjefe, que parece hecha a su medida (permítame que por una vez, una sola vez, me suelte la lengua). La 2ª ley fundamental de la Estupidez Humana, de Carlo Cipolla, dice que “la probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona”. Por ejemplo, de que sea jefe, añado yo.
Y la 3ª Ley Fundamental, también llamada regla de oro, afirma que “una persona estúpida es la que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio”. Ese es usted.
Siento ser tan claro y tan directo, pero quería aprovechar esta carta para poner los puntos sobre las íes, y sus íes son la inseguridad y la idiotez.
Esta no es una carta a traición. ¿Cuántas veces en los últimos años no he intentado exponerle que sus modos directivos no eran los ideales para obtener lo mejor de mí y de mis compañeros? Se lo hemos intentado decir por activa y por pasiva, ellos y yo. Sin resultados. En alguna ocasión, puso usted cara de querer escuchar, de querer comprender y en algún momento llegó incluso a fingir algún esfuerzo de cambio (“darnos más cancha”, dijo), pero la realidad, que es obstinada, nos demostró que no.
No sé si lo sabe, pero al sentirme impotente (profesionalmente hablando, que quede claro), decidí acudir a instancias superiores. Quise poner la situación en conocimiento de la dirección de la empresa. O sea, acudí a su propio jefe. Cabía esperar, aunque fuera por mera estadística, que el jefe de un mal jefe fuera un buen jefe. Pero me encontré que su jefe era la contemporización hecha persona. Y de ahí no lo pude sacar.
Claro, el modelo organizativo de esta empresa, tan jerarquizado, promueve que los de arriba –ustedes-, manden mucho y el resto sean simples ejecutores de sus órdenes. Ese tipo de funcionamiento desanima y desmotiva. Y por eso me despido, y por eso –a pesar de estar quemado- soy tan crudo (demasiado, soy consciente, pero ya está bien de morderme la lengua).
Los que saben de esto dicen que dirigir es mucho más que mandar. Y usted sólo manda. Le recordaré dos de sus principales “éxitos” conmigo: 1) el día en que se atribuyó usted ante el consejo de administración todos los meritos del informe sobre ventajas competitivas de nuestra competencia que estuve trabajosamente preparando durante más de tres meses y, todavía peor, 2) el día en que me pilló en un mal momento, tras mi separación, y no se le ocurrió nada mejor que decirme que “a la empresa se viene llorado, meado y cagado”.
Podría escribir un libro con las “perlas” de su estilo de dirección, pero me conformaré con esta carta. Se está convirtiendo, como puede ver, en una epístola liberadora (por no recurrir a metáforas fisiológicas más llamativas). Sé, por supuesto, que esta carta es, al mismo tiempo, mi certificado de defunción en esta empresa, mi propia esquela, pero no sabe qué placer me está produciendo que así sea…
Mientras escribo estas líneas, no puedo evitar pensar que ser jefe –algo que espero lograr con el cambio de empresa, no sé si lo he dicho…- es algo muy difícil. Ser jefe implica muchas cosas, entre ellas más responsabilidad y pasar de pensar del “yo” al “nosotros”. Significa pasar de endosar “marrones” a otros a incluso “tragarse” los de otros. También obliga a preocuparse de las preocupaciones ajenas, o sea, a ponerse en su piel, o, como dicen los anglosajones, en sus zapatos. En fin, no sigo…., pero, como ve, la cosa parece que es exactamente la contraria a la que usted practica. Si estas líneas le están provocando picor, escozor o prurito mental, no se preocupe. Es buena señal (aunque tardía). En cualquier caso, nunca es tarde si la dicha es buena. Lo digo de verdad. Y si esta carta sirve para que reconsidere usted algunas de sus prácticas “directivas”, me alegraré por sus subordinados actuales y futuros. Y no le cobraré nada por ello, palabrita de niño Jesús.
Y, por cierto, ya que está usted tan calladito (es la ventaja de escribirle, debería haberlo practicado antes), le lanzaré una última observación. Tiene usted verdaderamente pánico a recibir feedback. Ojalá esta carta pueda ayudarle a cambiar algo en ese sentido. Los empleados de esta empresa temen no ya opinar abiertamente sobre sus superiores sino tan sólo expresar una mínima discrepancia. Y, lógicamente, no existen canales ni herramientas que faciliten dicha comunicación. Es evidente que es la propia actitud del equipo directivo, de la que usted es un magnífico exponente, la que frena ese proceso, por miedo a verse cuestionado.
Pero para que vea que no soy desagradecido y que incluso intento ser razonablemente objetivo, creo de justicia reconocer, eso sí, que sabe usted mucho del negocio y del mercado. Y he aprendido de ello. Lástima que ser un buen directivo no sólo consista en dominar el negocio…   
Terminando, que es gerundio. Sería injusto si no finalizara esta carta manifestándole mi AGRADECIMIENTO, así en mayúsculas. Involuntariamente, pero ha sido usted un gran maestro para mí: me ha permitido entrenar mi  crecimiento directivo y personal. Me ha obligado a buscar formas de convencerle de cosas que parecían imposibles. Me ha forzado a desarrollar mi auto-conocimiento, mi auto-control y mi auto-motivación (se lo debo más a usted que a Daniel Goleman). Y, además, me ha permitido ver todo lo que no debe hacer un jefe. Dicen que los principales aprendizajes surgen de las dificultades. He vivido en mis propias carnes lo que –creo- no le gusta vivir a ningún empleado. Y eso no tiene precio (aunque no pagará por prolongarlo…). Espero, y se lo digo con toda sinceridad, que me sirva, en otra empresa, para ser yo un buen jefe. Existen empresas con otro ambiente directivo, donde se estimulan las habilidades y las prácticas en las que yo creo.
No me entretengo más. Empezaba diciéndole que debería haber sido una carta de despido, pero que era una carta de despedida y, en los estertores de su redacción, me estoy dando cuenta, que, en realidad, es una carta de agradecimiento. GRACIAS. Ahora viene lo más difícil, pero lo más retador: me toca demostrarme a mí mismo, en la nueva etapa que estoy creando a partir de este instante liberador, que yo sí puedo ser un buen jefe (no se lo tome a mal, pero espero que usted no lo vea).
Atentamente.
Enrique de Mora. Autor de “ZigZag” y “Funny-Pop”.
Miembro del Top Ten Business Consulting Spain

sábado, 26 de marzo de 2011

Esquema de estudio en Tercer Ciclo de Primaria

  
La explicación del organigrama sería la siguiente:
  1. Partimos de la LECTURA personal del tema por parte de nuestro alumno/hijo antes de que lo explique el maestro, usando el dicccionario, su gran aliado. El fin de este primer proceso es encender la curiosidad, crear espectativas, inquietudes y dudas. No pasa nada si las escribe a lápiz en el libro o en un cuaderno (las hojas se pierden...)   
  2. El segundo paso sería la EXPLICACIÓN DEL PROFESOR. Nuestro alumno en función de las espectativas que se había planteado podrá estar satisfecho o si embargo puede que alguna de las dudas, curiosidades que tenía apuntada estén todavía sin contestar por lo que es el momento ideal de preguntar esas dudas antes de hacer los ejercicios. La mayoría de dudas que se plantean en los ejercicios se pueden corregir en el momento de la explicación del profesor...
  3. REALIZACIÓN DE EJERCICIOS. Recomiendo hacer ejercicios tanto en clase como en casa, en clase es más fácil solucionar problemas y dudas, mientras que en casa surgen situaciones que hacen que los alumnos pierdan interés en el tema. Por un lado tenemos a esos padres que se implican tanto en ayudar a sus hijos que les hacen los ejercicios, o aquellos que critican al maestro o a su hijo obstaculizando aún más el proceso de enseñanza - aprendizaje (E-A) Lo ideal sería que el niño apuntara en el cuaderno la duda junto a todo lo que ha hecho para poder demostrar que la duda existe y no poner la excusa más típica para no hacer los deberes.
    Volviendo al tema si hay dudas se tiene que volver a la explicación del profesor lo antes posible ya que al estar detenido el proceso, el alumno/hijo pierde interés en el tema y se detiene el aprendizaje.
  4. REPASO. Uno de los grandes olvidados dentro del estudio. El proceso de repaso empieza con la corrección de los ejercicios. El primer factor a destacar antes del estudio, si el niño no corrige los ejercicios hechos, o los corrige mal, nunca podrá comprobar si sus conocimientos son suficientes o correctos. En este proceso pueden surgir dudas por lo que es muy aconsejable recalcar que corregir es repasar lo explicado y que el profesor todavía puede ayudar a solucionar dudas.
  5. ESTUDIO. Como se observa en el organigrama estudiar conlleva repetir principalmente los ejercicios que se han tenido mal y repasar alguno de los que han planteado mayor dificultad. Estudiar, por tanto, conlleva escribir, memorizar y repasar.
  6. EXAMEN. Aunque muchos creen que es el punto final del estudio, el examen es uno de los muchos indicadores que tienen los padres, alumnos/hijos y maestros para saber si el proceso E-A ha sido satisfactorio. La correción del mismo conlleva el repaso de todo el proceso de estudio, no una manera de rebañar nota o detectar fallos en la correción del mismo. 
Me gustaría reseñar dentro de este post, una de las investigaciones que llevo realizando durante 6 años los EXÁMENES GLOBALES. Una posible alternativa para mejorar el proceso E-A y que nos hace recordar palabras como reválida, CDI...

El estudio y los padres.

Para ayudar en casa a nuestros alumnos/hijos a adquirir un buen hábito de estudio y aprovechamiento del tiempo tendremos que tener en cuenta algunas consideraciones. Aquí vamos a señalar las más necesarias para estas edades.
1)   Un lugar fijo de estudio( siempre que sea posible). Pensemos que a estas edades cualquier pequeño cambio, del tipo que sea, va a suponer un entorpecimiento de su concentración, un tener que recomenzar el proceso de “ponerse” a estudiar. Por ello conviene que la estancia esté lo más libre de posibles distracciones: juegos, ordenadores encendidos, material innecesario...
2)   Horario de casa: de igual modo que en el colegio existe un horario diario de ocupación de las horas de trabajo y ocio, se debe adecuar uno para casa. A veces será suficiente con readaptar el del colegio a la situación de casa. Es bueno que ya empiecen a distinguir entre estudio y trabajo. En este horario debe darse esta separación.
3)   Una ayuda, tanto para padres como para los propios alumnos/hijos, es el uso de la agenda, de una hoja que de a conocer lo que se ha hecho en ese día. No es tarea fácil para ellos, pero se debe insistir. Ayuda mucho al orden y a no olvidarse material o libros para casa.
4)   Observar su trabajo: no implica estar encima de ellos, a su lado ( a nos ser que las circunstancias específicas de algún chico así lo indique). Deben  ganar en responsabilidad, y su trabajo ahora es estudiar. Es mejor que sea en estos dos últimos cursos de primaria donde vayan aprendiendo de sus errores y fallos, que pretender que más adelante ya habrá tiempo. Ahora no se juegan ninguna carrera, ni estas notas van a suponer méritos en su currículum vitae.
5)   Necesitan de nuestra ayuda para organizarse: qué, cuándo, cómo hacer con cada asignatura; cuánto tiempo debe dedicar a cada actividad o estudio de un área; con qué empezar y acabar, ...

Rendimiento escolar.



Un primer aspecto a tener en cuenta para valorar los estudios de nuestros alumnos/hijos es entender bien qué es el rendimiento escolar. Con frecuencia nos centramos en el esfuerzo de nuestros hijos según las notas que nos llegan, especialmente de los exámenes. Pero estos datos, números, no nos cuentan todo sobre las posibilidades reales de un hijo. No podemos dejarnos ni dejarles llevar por la “notitis”. Tenemos que pensar en el rendimiento escolar, es decir, en la capacidad intelectual de un chico junto al esfuerzo que él pone. Si lo analizamos así, nos encontramos con cuatro posibles  situaciones:
a)       Aquel chico que tiene unas buenas capacidades pero no se esfuerza; hablamos de esos que van tirando, de los que se conforman con lo mínimo.
b)       Esos chicos que a pesar de esforzarse no consiguen los resultados mínimos. En esta situación habrá que analizar las causas, generalmente por falta de destrezas básicas en Lengua y Matemáticas, o también otra serie de anomalías que deben ser valoradas por un profesional.
c)       Aquellos que no se esfuerzan y que tampoco aprueban las asignaturas. Suele decirse que son vagos, aunque a estas edades es comprometido admitir este término.
d)       Los que se esfuerzan y sacan adelante los aspectos académicos.

Diferenciar trabajo y estudio.


Una de las características de la última etapa de primaria – 5º y 6º EP.-  se encuentra en lo relacionado con la capacidad de estudiar. Hasta estas edades, el mayor peso académico lo llevaba el trabajo, las actividades, ejercicios de aprendizaje de las destrezas básicas. Si ponemos como ejemplo una balanza con los conceptos de estudio  y trabajo, observamos como al comienzo de primaria, 1º EP, el peso mayoritario se lo lleva el trabajo: empezar a escribir, a hacer operaciones sencillas, a leer,... Paulatinamente el trabajo va compaginándose con el verdadero concepto de estudio, de la capacidad intelectual, hasta que en entorno a 5º de primaria observamos como dicha balanza se equilibra, para irse inclinando hacia el mayor peso del estudio individual conforme se avanza en cursos superiores.
Por ello es importante reflexionar cómo ha sido la adquisición del hábito de trabajo y estudio de nuestro alumno/hijo a lo largo de esos primeros cursos de primaria hasta llegar a quinto. Una buena base en este sentido, implica una preparación adecuada para la incorporación al estudio entendido como tal. A estas edades para los chicos estudiar es una  mezcla de hacer actividades y aprender unas lecciones breves, más bien de modo memorístico. Es a partir de ahora cuando tendrán que ir adquiriendo las técnicas de estudio apropiadas y de un modo adecuado a su desarrollo intelectual y de madurez.

CÓDIGO CIVIL

Artículo 155.

Los hijos deben:

   1.Obedecer a sus padres mientras permanezcan bajo su potestad y respetarles siempre.
   2.Contribuir equitativamente, según sus posibilidades, al levantamiento de las cargas de la familia mientras convivan con ella.

¡¡¡¡ B i e n v e n i d o s !!!!

Después de muchos años relacionado con la educación, he creído oportuno crear un blog para ayudar a todos los alumnos, no sólo los míos, y a sus padres. Iré periódicamente poniendo post relacionados con todo este maravilloso y olvidado mundo. Aportaré lo que pueda y lo que me pidáis. Principalmente me centraré en el Tercer Ciclo de Educación Primaria y en el uso apropiado de la Informática en el estudio de cada área.